Nace la «Liga católica para la oración de reparación»

Chiesa e Post-Concilio se complace en presentar a los lectores hispanohablantes su adhesión a la iniciativa de Riscossa Cristiana, un llamamiento al redescubrimiento y la práctica de la oración de reparación. No se trata de algo complicado sino de una forma de ascesis que se remonta a la Tradición más antigua y pura de la Iglesia y consiste en ofrecer nuestras oraciones, sacrificios y sufrimientos a Nuestro Señor en reparación de los muchos pecados que se cometen en su Santa Iglesia. Aunque la iniciativa ha nacido de una asociación del norte de Italia y ha estimulado la formación de redes de contactos entre sus varios participantes, todo fiel particular puede adherir a ella, independientemente de las distancias y las barreras lingüísticas: las primeras no constituyen un obstáculo para la práctica de esta sencilla forma de oración, las segundas van siendo superadas gracias a nuestro humilde esfuerzo de traducción a otros idiomas de los textos que a ella se refieren. Después de la traducción al español, seguirá pronto otra al inglés, para que un número siempre mayor de cristianos de buena doctrina y buena voluntad de todo el mundo pueda unirse a esta práctica regeneradora de la Esposa de Cristo.
Me asocio a Paolo Deotto y a Alessandro Gnocchi para el lanzamiento de la siguiente propuesta, que es un comienzo de reacción de la parte sana de la Iglesia a la crisis dramática que estamos atravesando.
Lo hemos comentado muchas veces nosotros también en este blog que las palabras y las tribunas virtuales no bastan, sino que sirven sólo como instrumentos para acompañar e incentivar la experiencia real de la Iglesia que hay que hacer en la vida concreta y en el corazón de cada uno. No se puede no empezar por la Oración de Reparación [leer en el blog].
Entre las muchas maravillosas realidades que la gracia de Nuestro Señor nos abre y brinda hay la Reparación. De ella tampoco ya no se habla, tanto que corre el riesgo de ser olvidada hasta el punto que no pueda desplegar ya su eficacia para beneficio de las almas y la mayor gloria –extrínseca– del Señor1. Pues, naturalmente su gloria intrínseca es inmutable.
Poco a poco podremos considerar también la opción de organizar momentos de encuentro, formación y acción, con realismo y simplicidad.
Es normal que la iniciativa salga de la zona de actividad más cercana al núcleo organizativo; sin embargo, como ha sido sugerido, se la confía al compromiso y la buena voluntad de cada uno con conexiones entre los participantes de cada zona. Ya habíamos pensado antes en algo, y ahora todo parece poder confluir en esta iniciativa, con realismo y simplicidad. Pienso con alegría también en los que siguen este blog y que podrán encontrarse el 1 de mayo en Linarolo. Mientras tanto, en cada región, en cada diócesis, se pueden formar también otras conexiones territoriales, así como Dios lo permitirá brindando su ayuda. Ya veremos los resultados durante el camino.
Pueden existir también otros actos de reparación, pero si no se empieza por la oración y –sobre todo– si no se actúa junto a los sacerdotes, no se puede llegar a ningún lado.
Maria Guarini
Alabado sea Jesucristo
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1. Este concepto está vinculado también con el hecho de que algunas enseñanzas modernistas niegan que se pueda ofender a Dios quitándole la gloria porque en semejante caso Él sería vulnerable y por tanto ya no sería Dios: con este razonamiento se elide la expiación... Sin embargo, en el concepto de “ofensa” a Dios hay que distinguir entre la gloria intrínseca de Dios – invulnerable, infinita e inmutable – y su gloria extrínseca, vinculada con la redundancia de sus obras y nuestra relación con Él como Creador y Señor nuestro: esta segunda categoría de gloria puede ser mayor o menor, y resulta menguada por causa de los pecados de los hombres. Por eso San Ignacio eligió para la Compañía de Jesús el lema “Ad maiorem gloriam Dei”, afirmando que dicha compañía debe luchar para la “mayor gloria de Dios”.

Nace la “Liga católica para la oración de reparación” 

Proponemos a los católicos de buena doctrina y buena voluntad adherir a la iniciativa de la Liga católica para la oración de reparación, que nace en este momento con el fin de restaurar los rasgos de la Iglesia de siempre a través de un medio ascético que desciende de la espiritualidad y la devoción del Sagrado Corazón.
Y entonces, ¿qué hacemos?”, preguntan muchos buenos católicos después de haber tocado con mano la crisis en que yace la Iglesia de nuestros días. “Y tú, ¿qué haces?”, preguntan los demás, quizá de forma provocativa, insinuando que no sirve de nada tocar con mano y quejarse.
De hecho, no sirve. No podemos limitarnos a quejarnos frente al vaciamiento del depósito de la fe, a las atrevidas actualizaciones de la teología y la filosofía, al hundimiento moral, a los abusos litúrgicos, a la devastación de la ascesis y de la devoción, a la abjuración de la Tradición.
Frente a semejante escenario, que se puede resumir en el pernicioso concepto de “apertura al mundo”, el católico tiene el deber de actuar, y de actuar como católico.
Por eso, a través de Riscossa Cristiana, tenemos la intención de lanzar una iniciativa que se dirige a muchas personas que preguntan desconsoladas: “Y entonces, ¿qué hacemos?”.
Si la Iglesia se está cajendo a pedazos, debemos meter mano y reconstruirla: repararla. Y repararla mientras muchos –demasiados– pastores siguen con su obra demoledora. Con paciencia y tenacidad sostenidas por la virtud de la esperanza, hay que recuperar todo lo bueno, venerable y santo que los demás desechan y colocarlo de nuevo en su lugar. Y hay que hacerlo con el fin de devolverle a la Esposa de Cristo el semblante que ha mantenido durante siglos tam repulsivo a lo muchos enemigos che están fuera de ella como los tantos que medran en su interior.
Hay que reparar, conscientes de que cualquiera lo puede hacer con resultados y mérito sin pergeñar nada extravagante. La teología, la espiritualidad, la ascética y la devoción que han sido echadas desde hace tiempo en el basurero de una fe que está fuera de moda brindan a los católicos de buena voluntad un medio simple y eficaz: la práctica de la oración de reparación, cuya aplicación a las dramáticas condiciones en que la Iglesia yace vamos a explicar en la parte final de esta invitación.
Aquel que adhiera a esta iniciativa debe ser consciente de que hay que empezar de nuevo desde los cimientos, sin contar con el aplauso de la muchedumbre. Sólo las pequeñas asociaciones, o incluso los fieles particulares, quienes comiencen esta labor. Después, cuando la Providencia lo disponga, se verán sus frutos.
Por eso, a través de Riscossa Cristiana, proponemos a los católicos de buena doctrina y buena voluntad adherir a la iniciativa de la Liga católica para la oración de reparación, que nace en este momento con el fin de restaurar los rasgos de la Iglesia de siempre a través de un medio ascético derivado de la espiritualidad y la devoción del Sagrado Corazón.
Brinda su soporte organizativo otra pequeña asociación llamada Confraternita del Sacro Cuore di Gesù e del Cuore Immacolato di Maria (Cofradía del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María) –y también dei Sacri Cuori (de los Sagrados Corazones)–, surgida hace dos años en la Lombardía y el Véneto y de la que los que firman estas líneas forman parte, brinda su soporte organizativo. Se trata de un pequeño grupo de católicos conscientes de que sólo un retorno integral a la Tradición doctrinal y litúrgica marcará el fin de la crisis. Entre las prácticas ascéticas de esta Cofradía para la restauración de la Tradición, hay la oferta de sufrimientos, sacrificios y oraciones como reparación de los daños causados a la Iglesia por los mismos hombres de Iglesia, eclesiásticos y laicos: eso es, substancialmente, lo que se quiere proponer en más amplia escala a través de la Liga católica para la oración de reparación.
Desde un punto de vista práctico, no es nada complicado. Cualquiera, solo o en grupo junto a otros fieles, puede adherir a la iniciativa escribiendo a la dirección de correo electrónico legariparazione@email.it. De esta forma podrá señalar su adhesión y recibirá informaciones sobre eventuales actividades ya comenzadas en su zona; o bien podrá indicar su disponibilidad a constituir un punto de referencia para su propio territorio. Los organizadores tendrán la tarea y el compromiso de anudar y mantener los contactos entre los adherentes.
Esta obra de conexión es importante también porque hace falta que muchos católicos que están decididos a no ceder no se sientan aislados, creyendo ser los últimos sobrevivientes de un naufragio o pensando estar locos en un mundo de cuerdos. Esos católicos son náufragos, si queremos utilizar este símil, pero no están solos: son muchos más de lo que ellos mismos puedan imaginar. Y, sobre todo, no están locos: sólo, en tiempos de locura, la salud mental parece digna de un hospital psiquiátrico.
Para fortalecer los vínculos que se irán formando gracias a esta iniciativa, todos los adherentes son invitados el viernes 1 de mayo 2015 a la primera jornada de la Liga católica para la oración de reparación programada en Linarolo, en la provincia de Pavía.
A través de Riscossa Cristiana, que seguirá teniendo en la portada de su web un espacio dedicado a esta iniciativa, será posible seguir sus desarrollos y encontrar material para la formación.
Paolo Deotto
Alessandro Gnocchi
Alabado sea Jesucristo
Esta invitación ha sido publicada también en:
- Riscossa cristiana
- Chiesa e postconcilio
- Corrispondenza Romana
- Corsia dei Servi
- Gloria.TV
- Una Vox
- Vigiliae Alexandrinae
- La Grande Guerra
- Bosecuriose
- In expectatione

La oración de reparación
Oh Dios, que en tu misericordia te dignaste brindar los tesoros infinitos del Corazón de Tu Hijo, traspasado por nuestros pecados, permitenos que, al ofrecerLe el devoto homenaje de nuestra piedad, podamos cumplir también el oficio de una digna reparación”.
Éstas son las palabras de la oración colecta con las que la Liturgia de la Iglesia reza en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Con un breve resumen de los motivos y los efectos de la muerte en la cruz de Nuestro Señor, ella termina invitando a todos los fieles a unirse al Divino redentor ejerciendo dignae satisfactionis officium. En este sentido, la oración parece reproducir muy fielmente lo que el Sagrado Corazón de Jesús le dijo a la monja visitandina Santa Margarita María Alacocque ante la Santísima Eucaristía en junio 1675:
“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no se ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe ingratitudes a causa de las irreverencias y sacrilegios de la mayoría de ellos así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. […] Eso, me dijo, me resulta más doloroso de todo cuanto sufrí en mi Pasión. Si me correspondiesen con algo de amor, tendría por poco todo lo que sufrí por ellos y querría, de ser posible, sufrir aún un poco más. Pero ellos no responden sino con frialdades y desaires a todo mi afán por procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud, en todo cuanto sea conforme a tus posibilidades”.
Queda aquí claramente expresado el meritorio principio de la reparación que, al asociar a los hombres a la expiación y satisfacción infinitas que Jesucristo ofreció en la cruz, mira a compensar y desagraviar los ultrajes hechos contra la gloria de Dios a causa de los pecados de los hombres. ¡Cuántos son hoy los pecados de los hombres, laicos y eclesiásticos! En particular, resulta muy grande la falta de adoración hacia la Verdad revelada bajo cualquiera de sus formas: traiciones en la exposición de la inmutable doctrina; abusos en las celebraciones litúrgicas; irreverencia; indiferencia hacia la Realeza de Nuestro Señor; omisiones culpables de apostolado y mucho más. La Esposa de Cristo y su Cuerpo Místico, la Iglesia, a menudo se encuentra desfigurada en su dimensión visible precisamente a causa del pecado de sus hijos. No podemos quedarnos indiferentes frente a esto: nuestra Santa Madre Iglesia sufre y nosotros tenemos el deber de curar sus llagas, en la medida en que se nos lo permite, a través de la ofrenda de sacrificios y oraciones que apresuren su sanación.

Si el Hombre-Dios Jesucristo ha venido a reparar el pecado del hombre contra el mismo Dios, cometido por nuestros antiguos progenitores engañados por el demonio (pecado infinito en tanto se dirige directamente contra la inmensa majestad divina), el hombre, redimido por la Preciosísima Sangre del Hijo de Dios, en unión con el mismo Cristo y con su Iglesia, puede también contribuir a la reparación de los pecados que todavía se perpetran contra su Corazón divino. Todo bautizado, al participar de forma limitada en el sacerdocio de Cristo a través de su carácter sacramental (v. S. Th. III pars q. 63 a. 3), es llamado y hecho capaz de ofrecer al Corazón misericordioso de Jesús actos de reparación en estrecha unión con la Pasión de Cristo.

Sin dudas –dado que Gratia supponit naturam– cumplirá que cada uno, según su propio estado, utilice a fondo su propia autoridad y cumpla todos los actos proporcionados y conformes a ella para defender y difundir el reino social de Cristo contra el “príncipe de este mundo”, desencadenado hoy más que nunca como león rugiente (cfr. 1Pe 5, 8). Sin embargo, todo esfuerzo sería inútil sin la unción de la Gracia. Y si ésta se nos confiere eficazmente de forma ordinaria a través de los Sacramentos, los sacrificios ofrecidos a Nuestro Señor con devoción y recta intención obtendrán una renovada infusión de Gracia santificante en el alma, que conferirá una peculiar riqueza de significado a toda buena acción.

Por tanto: ¡reparemos! Apresuremos el triunfo de la Iglesia de Cristo: que vuelva cuanto antes a resplandecer de la luz de su Señor en la palabra y la vida de sus hijos, para que el mundo crea.

Cor Iesu Sacratissimum, adveniat Regnum tuum!

Cómo practicar la oración de reparación: cada viernes (si se puede), después de haber rezado el Acto de Ofrenda “Corazón Divino de Jesús”* y adjuntádole la intención “en reparación de los pecados contra tu Corazón Sagratísimo”, récese el Santo Rosario, al que seguirán las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús con su propia oración. Según sea posible, cúmplase esta práctica ante el Santísimo Sacramento o permanézcase al menos un cuarto de hora frente al tabernáculo en adoración y expiación. En caso de particular necesidad, se sugerirán otras formas de reparación y penitencia según el principio del agere contra.
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* Corazón Divino de Jesús, te ofrezco por mediación del Corazón Inmaculado de María, en unión con el Sacrificio Eucarístico, las oraciones, las acciones, las alegrías y los sufrimientos de este día, en reparación de los pecados y para la salvación de todos los hombres y la gloria del Divino Padre. Amén.

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